Iba a escribir sobre otro tema, pero prefiero sacar de mi cabeza algo que viene dando vueltas en ella. Hace unas semanas me paso algo curioso.
Curioso o estúpido, no lo decidí todavía.
Estaba con dos amigas que estaban por rendir uno de esos divertidos finales en la facultad y una de ellas, a modo de elogio, me dice que me considera un intelectual. En vez de sentirme apreciado, la palabra sinceramente me cayó mal , y no pude decir exactamente porque. Traté de explicar el motivo de mi confusa reacción, a la vez que le dije que apreciaba su comentario, pero que con esa palabra tenía problemas al parecer.
Creo tener una ligera sospecha del porque, y se radica en dos aspectos:
El primero tiene que ver con esa noción del intelectual en su torre de marfil, alejado de la sociedad, por sobre ella mirándola con desprecio e indignación, creyendo que sabe cuál es el mejor camino. Tengo algo de rechazo por esa particular concepción, rechazo que creo se radica en esa profunda necesidad de aceptación presente en mi interior. Aparte considero que es imposible filosofar sobre la vida sin estar plenamente sumergido en su locura, ensuciado por su demencia. Ese es el problema de las torres, desde arriba todo se ve tan distinto…

La segunda, y a titulo más personal, es que cierta gente de mi edad que he conocido, se considera intelectual, y me resultan tremendamente pedantes y vacios de contenido. Es algo difícil de aceptar, pues si por lo menos se justificara en la magia de su sabiduría podría comprenderlos… pero me transmiten ideas vacías y erróneas, interpretaciones de la realidad que no resisten el más mínimo chequeo. Y no hablo de oscuras informaciones fuera del acceso del internauta promedio, sino a datos que están en Wikipedia. Llenarse de nombres ajenos para sentirse importante al citarlos, repitiendo frases de otras personas sin tratar de entender su más puro sentido, pues citar a grandes maestros es su forma de darse prestigio y asegurar su rol como pensador. Creo que el intelectual no necesita realmente mencionarnos toda la bibliografía que ha leído a lo largo de su vida, sino que debería maravillarnos al exponer sus ideas, abrirnos los ojos a nuevas perspectivas.
No soy de los que se casan con un solo autor, sino que mi apetito esta en la amalgama, la mezcla constante de ideas y teorías de diversas perspectivas. Veo a mi cerebro como una gran licuadora, donde los ingredientes de diferentes autores se mezclan sin cesar, a ritmo frenético, obteniendo placeres culinarios y bazofias incomibles, en busca de alguna idea propia, de un entendimiento personal sobre la realidad y sus complejidades que parece eludirme en forma constante…

Más alla del sentimiento de eterna búsqueda sin final, me divierto. Hay algo en la emoción de la cacería, en la búsqueda que es estimulante, más siempre es bueno llegar a algo al final, que justifique de alguna manera todo lo anterior y lo que vendrá.
A fin de cuentas, no me considero un intelectual, ni por asomo. Sumergido en mis caprichos, rodeado de mis infantilismos y perseguido por mis inseguridadesy errores, el camino del intelectual me es muy lejano y poco atractivo.
El motivo de esta vaga y vacía reflexión fue una breve soledad forzada a causa de enfermedades varias esparcidas entre amigos y familia. Sin más compañía que algún DVD recién comprado, sumergido en una sobredosis de estímulos visuales y musicales el fin de semana transcurrió, totalmente vacío de reflexión, lleno de fantasías y carente de realidades, sumergido en una espiral de falsas sensaciones…
Necesitaba escribir algo que necesitara un mínimo de reflexión… así que sepan disculpar este ataque intelectualoide…